“Cinco horas con Mario es una llamada a la reflexión”


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¿Cuál es el secreto del éxito? Es, sin duda, una de esas preguntas aparentemente imposibles de responder aunque si uno observa a personas como Natalia Millán puede llegar a pensar que no es tan descabellado creer que hay quien tiene la respuesta. Y es la actriz parece haber sellado un pacto sin fisuras con el público o, tal vez, todo sea cuestión de entregarse a su trabajo con devoción y contar con la confluencia de otros factores determinantes.

Lo que está claro es que Natalia Millán ha seducido al público y seguirá haciéndolo porque consigue dotar de alma a cada uno de sus personajes que encarna. Porque su arrebatadora presencia sobre el escenario o en la pantalla va más allá de su belleza. Porque su mirada destila pasión, ilusión y optimismo. Porque sus gestos son pura expresión, energía y talento. Porque su simpatía y su profesionalidad son altamente contagiosas.

La actriz acaba de llegar a Palma para ofrecernos ‘Cinco horas con Mario’ de Miguel Delibes, su último éxito teatral, que actualmente compagina con otro fenómeno, en este caso televisivo, que es ‘Amar en tiempos revueltos’ donde encarna a Angélica.

Este sábado 19 de mayo, a las 21 horas, y el domingo día 20, a las 19 horas, se convertirá en Carmen Sotillo en el Auditòrium de Palma.

La obra nos traslada la España conservadora y franquista de los años 60 ¿Se ha mantenido el texto original?
Me siento una privilegiada por poder tener un texto tan maravilloso, que no hay ni que tocarlo. Uno de mis objetivos prioritarios era ser un vehículo lo más neto posible entre la pluma del señor Delibes y el ojo y el oído del espectador. Es un texto tan rico, que hay que intentar respetarlo al máximo. Hace un retrato tan perfecto de aquella época, tan lleno de matices, de ternura, de humor y de crítica a la vez que hemos respetado totalmente el texto. Además, a día de hoy, por esos cambios que ha tenido España es muy necesaria tener esa visión de esos años que tampoco están tan lejos.

¿El personaje es trasladable al presente en términos emocionales?
La verdad es que visto desde ahora causa mucha perplejidad porque sostiene unas teorías que dejan patidifuso, pero no deja de haber algo de lo que muchos tenemos hoy en día. Me encanta la función de espejo deformante del teatro, que se distancia para reírse sin que nadie se sienta demasiado herido, pero al fin y al cabo es un reflejo de los que somos. Muchos de los temas que salen son muy actuales. Por ejemplo con el racismo, Carmen Sotillo hace unas afirmaciones realmente escandalosas, que te hacen reír de las barbaridades que dice y nos reímos como si no fuésemos racistas hoy en día y yo creo que somos una sociedad muy racista, así que sí que creo que se pueden trasladar a la actualidad.

Es cierto que la obra trata temas muy contemporáneos a través del prisma de una mujer que vive en esta España conservadora.
La verdad que se puede hacer mucha autocrítica a través de las cosas que dice esta mujer. Hay que pensar que Carmen Sotillo asume los principios que le enseña su madre y los mensajes que recibe en su entorno familiar y social y lo hace sin plantearse nada. Por eso, yo creo que es una llamad a la reflexión, a que no demos nunca nada por bueno, hay que preguntarse y cuestionarse.

Era un momento en el que parecía difícil plantearse las cosas.
Sí, sobre todo para las mujeres porque en el momento en que se planteasen algo y lo pusieran en duda es que se les desmoronaba el mundo. Era necesario desmoronarlo, pero es que eso asusta mucho. A esta mujer estos principios la mutilan y la limitan como mujer, pero ella los defiende con uñas y dientes y tiene unas contradicciones internas tan tremendas que mientras que está defendiendo una cosa, está haciendo una diferente. Esto es el final de la función y no voy a contarlo, pero ha hecho algo terrible, que la llena de remordimientos y por eso mantiene vivo a Mario porque necesita hablarlo con él.

La mujer en esos tiempos estaba pegada a su marido y perdía su identidad por completo.
La mujer era una sombra del hombre, que no podía tener cuentas bancarias ni nada sin el consentimiento del hombre.

Otro de los temas que aborda es el de la comunicación.
Sí, a través de la comunicación o la falta de ella entre la pareja habla de la comunicación en general. Es un diálogo que mantiene con su marido muerto, pero yo no creo que sea muy diferente del diálogo que mantenía con él vivo. Creo que él no escucha lo que ella tiene que decir y ella lo mismo, lo dan todo por hecho. Y es una pena porque yo creo que sí hay amor en esta historia o lo ha habido y quizás si hubiesen hecho un esfuerzo por mantener la comunicación se habrían enriquecido, igual ella hubiera dicho menos disparates y hubiese sido más feliz. Creo que esto es trasladable a todo, ahora que está todo tan polarizado si somos capaces de comunicarnos más y entendemos que es más lo que nos une que lo que nos separa creo que a todos nos iría mucho mejor.

¿Sobre qué otros pivotes se asienta la obra?
Una cosa que me parece genial que hace Delibes es como a través de la defensa de la España de esa época que hace Carmen Sotillos él hace una crítica perfecta. Yo creo que no es nada maniquea la obra, ella no es la mala y él el bueno o al revés. Queda claro que los dos tienen aciertos y errores. La obra la empezó a escribir con Mario vivo y entonces lo mató porque se dio cuenta de que era la única manera de defenderlo y la única manera de pasar por encima de los censores.

¿Cómo te enfrentas al hecho de recoger el testigo de Lola Herrera?
Este personaje ha estado y está asociado a Lola Herrera porque lo ha hecho durante 30 años y, además, es que ella fue el motor de este proyecto. Esto es una novela que ella lee y decide que hay que hacerla en teatro contra el consejo de todo el mundo que le decía que nadie iba a querer ver un monólogo de una viuda frente a un muerto. Era tan ella esta función que se amplificaba muchísimo el tema de las comparaciones. Lo que pasa es que yo no me lo pensé, dije que sí sin calibrar nada. Me fascinaba el texto y me parecía maravilloso poder interpretar a Carmen Sotillo. Fue después, cuando ya se acercaba el estreno y en las entrevistas me hablaba todo el mundo de Lola Herrera, pensé que me iban a crujir, pero todo ha ido muy bien.

Pero no ha sido así, sino todo lo contrario, la crítica han destacado la manera en la que encaras el personaje y te haces con su alma.
La verdad es que han sido buenas las críticas, han superado mis expectativas. Algo habré hecho bien, pero tengo que decir que he recibido un legado maravilloso porque era el mismo equipo que ha estado con Lola todos estos años. He tenido mucha suerte con la dirección, esta obra la tiene que dirigir una mujer y Josefina Molina es la perfecta. Se me ha dado libertad total para hacer el personaje, pero tenía muy buenas bases para construirlo.

¿Qué te dijo Lola Herrera?
La llame inmediatamente y ella ya sabía que me iban a llamar. Lo hablé con ella y me dijo que estaba muy contenta de pasarme el testigo. Me dio muchos consejos, pero uno maravilloso, simple, pero perfecto: “confía en el texto porque ahí lo tienes todo”. Y es verdad porque es un retrato tan rico, tan vivido, tan prolijo de esa época y de ese personaje, que hay que dejarse llevar por él.

Delibes estaba al tanto de esta nueva aventura, pero no llegó a saber que tú eres la elegida, ¿no es así?
Es una cosa que me da mucha pena porque murió unos pocos meses antes. Él dio sus premisas para buscar a la actriz… El consuelo que me queda es que en el estreno en Valladolid hace dos año estaba toda su familia y me dijeron cosas tan bonitas, que me animaron mucho. Me emociono al recordar que me dijeron que a Delibes le hubiera gustado mucho.

‘Cinco horas con Mario’ ha sido tu primer monólogo. ¿Era algo que te apetecía?
Sí, yo tenía muchas ganas y curiosidad por probar el hacer un monólogo. Cuando me lo propusieron estaba haciendo ‘Chicago’, que fue algo muy especial y muy mágico por otras cosas, y pensaba qué podía hacer después de algo tan maravilloso. Pensé en hacer un monólogo, pero nunca pensé en ‘Cinco horas con Mario’. Algún compañero me comentó que se disfruta mucho, pero que luego se siente una gran soledad. Yo tengo que confesar que lo estoy disfrutando muchísimo antes, durante y después. Tengo que tener cuidado con esto porque luego me va a costar volver a las obras normales. La función tiene algo de trance porque requiere una gran concentración ya que estás solo. Además yo siento una mayor conexión con el público, soy muy consciente de cómo se está recibiendo. Hay momentos de mucha comicidad en la obra y otros de un silencio estremecedor. En otras funciones yo no he sido consciente de estas cosas.

Es un diálogo con el espectador directamente.
Claro porque al haber otros focos de atención igual no te das tanta cuenta, pero aquí es algo que pasa desde el primer momento.

Has tenido muchos éxitos televisivos, pero siempre que puedes vuelves al teatro.
He hecho cinco series y como 30 obras de teatro. Es evidente que la proyección de la televisión es enorme, con la gente que ve un capítulo de una serie imagínate la cantidad de teatros que se podrían llenar. A mí me gusta mucho más el teatro y de hecho, durante los primeros años solamente hice teatro. Luego, en el camino, descubrí la tele, que está muy bien y te permite cambiar de registro y descubrir otras cosas como el valor de una mirada o de una respiración. Y lo mejor de todo es que desde la tele se crean espectadores para el teatro. Por ejemplo, ‘El Internado’ y ‘Un paso adelante’, que se exportaron a muchos sitios, han hecho que de vez en cuando vengan a ver funciones gente de esos países. Por ejemplo, una chica rusa vino a ver ‘Cinco horas con Mario’ y me regaló la novela en ruso. Hay gente que viene porque le gustas en la tele y eso es maravilloso y hay que capitalizarlo.

Sobre todo con series de target juvenil como ‘Un paso adelante’ o ‘El internado’. ¿Has notado la afluencia de un público más joven?
Sí, hay gente muy joven que viene al teatro por eso y a mí me llena de orgullo y me parece maravilloso.

Llevas ya dos años con la obra. ¿Hasta cuándo?
Sí, parece mentira. Ahora voy a descansar un poquito. Las representaciones de Palma serán oficialmente las últimas y en verano haré una obra con más actores para no enviciarme con el monólogo. Haré ‘El anfitrió’ de Plauto, que lo haremos en Mérida entre otros sitios, para coger fuerzas y volver en septiembre a Madrid.

fuente: Atrapa Mallorca

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