Jazz y asesinatos en el “Chicago” más negro

Una historia de ambición, búsqueda de la fama y depravación humana ambientada en los años veinte en EE UU. Eso es ‘Chicago’, el espectáculo con el que Natalia Millán regresa al género musical y en el que en el que da vida a Velma Kelly, reina de los clubes nocturnos condenada a prisión.

Para Natalia Millán “representar este papel es algo mágico”, una oportunidad que contribuye a afianzar su vocación de actriz, ya que su decisión de dedicarse al mundo del espectáculo estuvo marcada por la película ‘All that Jazz’ de Bob Fosse, también guionista de ‘Chicago’. Natalia incide en su admiración por “el fascinante mundo estético de Fosse” y en especial su particular visión de la vida, puesto que era “capaz de afrontar con valentía todo aquello a lo que normalmente damos la espalda”.

Una historia actual
En opinión de la intérprete “este musical cuenta la historia de unas asesinas, retrata una sociedad corrupta en la que la fama se pretende conseguir a cualquier precio. Un mundo en el que lo importante de las relaciones personales se limita al beneficio material y en el que un abogado es capaz de manipular todos los medios de comunicación, sin importarle si su defendido es honesto o buena persona, puesto que lo único que merece su interés es el hecho de si tiene dinero para pagarle. A pesar de su dureza, Bob Fosse consigue hacer una obra divertida y estética, que nos engancha por su visualidad y sonoridad, “y que incluso, si quieres, te deja unas cuantas cosas para pensar en ellas”. Su admiración por este autor queda patente en sus palabras, y en referencia a la actualidad de su obra afirma con seguridad: “Lo que caracteriza siempre a las grandes obras de Arte es que da igual en qué momento estén escritas o creadas, siempre tienen vigencia”.

Repeto recíproco
Con respecto a los retos a los que debe enfrentarse en este nuevo proyecto, la artista, de forma sincera y directa, afirma: “El primer paso es un gran respeto por todos los aspectos técnicos de la obra. Las coreografías tienen mucha dificultad, pero no es un gran compromiso técnico lo que te exigen, sino una gran precisión en cada uno de los movimientos. Son coreografías que a veces llegan incluso a ser minimalistas, con movimientos leves, y al mismo tiempo, muy exactos y precisos. Es un espectáculo en el que todo funciona como una maquinaria de relojería”. Se trata de un respeto recíproco, ya que por parte del equipo creativo se han tenido especialmente en cuenta las cualidades personales y la singularidad que cada actor podía aportar a su personaje. En relación a ello, Natalia declara: “Está siendo un trabajo muy enriquecedor en el que estoy aprendiendo cada día, porque además de someterme a todas las exigencias del espectáculo, también he podido aportar mi versión particular de esta asesina”. Un personaje que la actriz define como “una asesina vestida de lentejuelas y con la elegancia de un clown”, cuyas pretensiones de grandeza se alejan con creces de esta actriz amable y sencilla, que considera la interpretación, ante todo, como “un ejercicio de solidaridad, en el que nunca puede juzgarse a un personaje”.

fuente: Gente Digital (27.11.2009)

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