Natalia Millán, hombre y mujer en su vuelta al teatro con “El mercader de Venecia”

Natalia Millán se toma un descanso por vacaciones en las aulas de “El Internado”. Pero sólo en la ficción ya que la actriz no podrá disfrutar del verano por sus compromisos teatrales. Natalia protagoniza “El mercader de Venecia”, uno de los más importantes clásicos de Shakespeare que tiene entusiasmada a la madrileña. Es así como la actriz vuelve al teatro, “a casa”, como ella mismas afirma. En esta ocasión la se mete en la piel de Porcia, una mujer que vive un dulce romance con Bassanio, interpretado por Jorge Lucas (Yo soy Bea), y que muestra a una mujer muy adelantada a su tiempo. Valiente y decidida, no duda en transformase en hombre para poder entrar allí donde las mujeres tenían prohibido el paso.


“Es el personaje más bello con diferencia de los que me han tocado”, confiesa Natalia. Enamorada del teatro, reconoce que sus papeles en televisión la han hecho estar donde está hoy. Su papel en la popular serie de Antena 3, “El Internado”, ha hecho que su popularidad haya crecido considerablemente. Así mismo nos lo cuenta la actriz, que recuerda cómo soñaba desde bien jovencita con ser actriz. Una decisión temprana que no comparte con su hija, la cual no parece querer seguir los pasos de su madre…

Natalia, llevas ya un año con “El mercader de Venecia”.
Sí. Ha sido un año por toda España y con un éxito enorme. Nos han dado varios premios. La función es maravillosa.

Lo compaginas con la serie, con “El Internado”. Dos personajes muy diferentes.
Muy diferentes. Este es el personaje más bello con diferencia de los que me han tocado. Ha habido muchos que me han encantado pero éste es el más maravilloso. He llegado a la conclusión de que Shakespeare era el primer feminista de la historia porque Porcia es una mujer inteligente, simpática, fuerte y valiente.

¿Cómo es Porcia?
Es una mujer muy romántica, con mucho humor y con mucha profundidad. Es muy rebelde. Es una maravilla interpretarla. Además, es jovencísima y como el teatro es tan mágico (sonríe), a lo mejor consigo que todos nos creamos que soy así de joven (bromea).

¿Hacer un Shakespeare te resulta más complicado de interpretar?
Es mucho más fácil. Cuanto mejor esté escrito un personaje mucho más fácil es para el actor. Lo que sí tiene interpretar un personaje así es que es más arriesgado. Si estropeas un personaje mal escrito, no estropeas nada. Hay más responsabilidad, más presión.

Natalia, ¿tienes algún ritual antes de salir al escenario?
Tengo un momento de concentración importante antes de salir cuando me estoy maquillando. Antes sí tenía uno que era, con el telón bajado, tumbarme en el escenario y hacer ejercicios de relajación pero en este caso no puedo hacerlo porque el vestido no me lo permite (ríe).

No eres supersticiosa.
No. Tengo algunas supersticiones pequeñas pero que son inevitables. Digo muchas veces “mierda” antes de salir y el color amarillo no me gusta nada. El amarillo es algo que evito muchísimo, dentro y fuera del teatro.

Todos te conocen por tu interpretación en “El Internado”. ¿Tú te sientes más una actriz de teatro aunque la popularidad te la haya dado la televisión?
No es que me sienta, es que he hecho mucho más teatro que televisión. Hasta los treinta años no hice “El súper”, que fue mi primer papel en tele. Lo que más me gusta es el teatro aunque aprendo de todos los medios. Para mi lo ideal es el escenario. El teatro para mi es casa. Pero siempre intento compaginar todo porque todo te aporta. Lo que está claro es que hasta que no hice un protagonista en televisión, no hice uno en el teatro. No puedo renegar de la televisión aunque mi amor es el teatro (sonríe).

Tras el gran éxito que tuviste con “Cabaret”, ¿te podríamos ver en algún musical?
Ojalá (sonríe). Me encantaría. Me encantó la época de “Cabaret”, fueron tres años que es casi una diplomatura (risas).

Tú tuviste una época que te decantaste por una carrera como cantante…
No era exactamente como cantante sino que acompañé a Luis Eduardo Aute en los coros de uno de sus discos. Hicimos una gira pero porque aquello tenía un punto teatral. Yo recitaba poemas. Fue algo especial.

Ahora habéis hecho un parón en la serie y empiezas con el teatro. No descansas.
No, pero es una suerte que no haya coincidido. En cuanto termine con el teatro, empezaré con la serie (sonríe). Este año me quedo sin playa. Pero no me importa porque estoy muy contenta.

¿Crees que a “El Internado” le quedan muchas temporada, Natalia?
Los designios de los guionistas son imprevisibles, y los del público también. Yo sé que había un final previsto, para una fecha, pero si el público sigue queriendo la serie como la quieren… sería cruel poner un punto final. A mi me llaman y yo voy (ríe). No sé cuándo terminará.

¿Si tuvieses que elegir entre la serie y este personaje teatral que tanto te llena…?
(Sonríe) No voy a tener que elegir… Se portan muy bien en la tele y me dejan hacer teatro. No lo pienso porque no va a pasar.

Desde pequeña tenías muy claro que querías ser actriz.
Sí, sí. Tuve una vocación muy temprana. En la adolescencia lo tuve clarísimo.

¿Es algo que le has contagiado a tu hija?
No tiene vocación de escenario. No se lo he debido transmitir nada bien (ríe).

¿No te importaría que siguiese tus pasos?
Yo lo único que quiero es que mi hija sea feliz y que escoja libremente lo que a ella le haga feliz. Eso es lo que importa. La única forma de tener éxito interior es seguir tus convencimientos, así que yo lo único que hago es ayudarla a despejar sus dudas para que lo decida por sí misma.

Hay muchos actores que no quieren que sus hijos sigan sus pasos porque saben que esta profesión es muy bonita pero muy dura…
Y hay muchos hijos que al final lo escogen (risas). Nuestros hijos ven las cosas buenas y las cosas duras. Esta profesión te permite ser un niño toda tu vida porque lo que hacemos es jugar, pero a veces pagamos una factura muy cara.

¿Tu hija es fan de la serie?
Sí, le gusta mucho. Pero yo soy muy dura en cuestión de horarios y como acaba muy tarde, no le dejo verlo. Lo ve después. Y algunas veces tiene el privilegio de leer los guiones, (sonríe) es algo que tengo prohibido pero a mi hija le dejo.

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fuente: Europa Press (17.06.2009)

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