Natalia Millán, sola ante el duelo

Natalia Millán

Tras el empacho de glamour, ritmo y espectacularidad de Cabaret y Chicago, se sube al escenario sola y de luto riguroso. Se mide con un clásico, Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes, y sabe que se juzgará con lupa su trabajo. No es algo que le quite el sueño.

Natalia MillánTodavía no se ha olvidado de la grata experiencia que supuso dar vida a Velma Kelly en el musical Chicago. No en vano protagonizarlo significó un sueño hecho realidad. “Cada noche era un subidón, el personaje me daba alegría de vivir”. No tiene pinta de que Carmen Sotillo, la única protagonista de Cinco horas con Mario, le transmita precisamente la misma sensación. “Pues tiene una parte divertida, no te creas, lo que pasa es que a uno se le olvida. Aunque no puedo negar que es más oscura que Velma, sí”. Natalia encadenó dos mujeres de rompe y rasga en dos musicales de gran éxito, Cabaret y Chicago; entre medias interpretó a la Porcia de El mercader de Venecia y ahora se enfrenta a una mujer directamente rasgada. “Es muy peculiar doña Carmen Sotillo”, cuenta a media voz. “Una pobre víctima del momento que le tocó vivir, del franquismo. Tiene algunas ideas absurdas y espeluznantes, que se le grabaron a fuego, producto de la sociedad en la que creció. Y representa a todas aquellas personas sin el valor suficiente, o las luces necesarias, para darse cuenta de que hacían mal en defender los principios de la dictadura y de esa sociedad que la anuló como mujer”.

Cinco horas con Mario es un texto estudiado en los institutos y elevado a la categoría de mítico gracias al trabajo de Lola Herrera, que se entregó al personaje desde que se estrenó su adaptación teatral en 1979 hasta que se despidió de Carmen Sotillo en 2006, cuando retomó el espectáculo por última vez. Ahora se ha vuelto a poner en pie sin apenas cambios en su concepción. “No se puede actualizar porque perdería todo el sentido. Por eso José Sámano y Josefina Molina decidieron presentar la producción prácticamente igual que la que estrenaron hace treinta años; apenas se ha suprimido alguna frase que igual hoy costaría entender”.

Un monólogo bien interpretado permite un lucimiento único, aunque también implica cierto riesgo; basta recordar la crisis nerviosa que sufrió precisamente Lola Herrera cuando lo interpretaba. “Ni me lo planteé. Llevaba tiempo con la idea de enfrentarme a un monólogo pero, claro, nunca habría apuntado tan alto. De nuevo fue un sueño hecho realidad. Y te puedo decir que esta función es más estimulante que otra cosa. A mí la soledad me gusta, incluso la busco muchas veces. Y no me siento nada sola en Cinco horas con Mario: el texto te arropa mucho, y noto más la conexión con el público que en otros espectáculos. Estoy tan entretenida y ocupada con la representación que ni pienso en si me luzco o no”.

Otro paso adelante
Quién le iba a decir a Natalia que, después de haber compartido tantas horas de plató con Lola Herrera durante el rodaje de la serie Un paso adelante, en la que coincidieron, ella se convertiría en su relevo generacional en Cinco horas con Mario. “Jamás se me habría pasado por la cabeza cuando fui a verla en la función en 2003, justo al dejar yo la serie para hacer Cabaret”. Se nota que lleva muchas horas de promoción encima, porque acto seguido, una vez sale a relucir el nombre de Lola Herrera, se deshace en elogios y afirma que para ella es un honor que las puedan comparar, aunque Natalia teme no salir bien parada en el lance. “Ha escrito páginas gloriosas del teatro en España con su Carmen Sotillo, el personaje siempre va a estar ligado a ella. Es un lujo tomarle el relevo durante un rato”. Recuerda que llamó inmediatamente a Lola cuando aceptó el papel. “¿Te parece bien que lo haga?’, fue lo primero que le pregunté. Necesitaba su aprobación”. De paso, le dio consejos y, por supuesto, le dijo que iría a verla. “Espero que no avise el día que venga al teatro, prefiero enterarme al verla después de la función”.

Cabe pensar que un espectáculo tan contenido como Cinco horas con Mario debe ser mucho menos exigente a nivel físico que un musical como Chicago, pero Natalia Millán desmonta esta teoría. “Yo, que voy regularmente al fisioterapeuta, me he dado cuenta de que estoy peor ahora que cuando hacía Chicago. Es verdad que aquella función me dejaba muerta, había días que no tenía ni fuerzas para llegar al parking al terminar… En este caso hay mucha tensión, sobre todo emocional, pero también física, a la que no le doy salida, y que se va quedando ahí”. No recuerda Natalia haber comentado con Lola Herrera los posibles riesgos a nivel emocional de la función, que en su momento tanto afectó a la veterana actriz, y tampoco es algo que le quite el sueño. “La relación con el personaje que interpretas es unas veces mejor que otras, pero en cualquier caso no creo que viva nada que no entre dentro de lo normal. De todas formas, tampoco creo que lo vaya a interpretar tantos años como Lola”.

fuente: shangay.com

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